¿Por qué engañarnos si comprendemos los pilares de una alimentación saludable?

Hace aproximadamente un mes podíamos leer una noticia, publicada por La Voz de Galicia, que hablaba acerca de cómo las dietas desequilibradas afectan negativamente a nuestra salud y pueden, en último recurso, suponer la muerte. Más que hablar de ello, hacía referencia a un estudio recogido en The Lancet que lo evaluaba.

Participaron científicos de 40 países distintos y contabilizó 11 millones de muertes asociadas a una mala alimentación. Analizaron datos dietéticos a nivel mundial entre 1990 y 2017, caracterizando la ingesta de 15 alimentos y nutrientes en adultos mayores de 25 años. Dietas bajas en verduras, frutas, leche o ácidos grasos omega-3 frente a otras donde el consumo de carnes rojas, procesadas o ácidos grasos trans eran elevados.

Y la conclusión, en realidad, no debería sorprendernos. Es previsible, somos conscientes de que una dieta equilibrada debe fortalecer la presencia de frutas y verduras como pilar fundamental, raciones proporcionadas y el consumo de carnes, pescados y legumbres variadas. El control sobre el consumo de azúcares, grasas saturadas o harina refinada es otra de las claves que debemos gestionar si queremos enriquecer nuestra dieta.

En definitiva, construir una dieta en base a alimentos de gran calidad. Y dedicarle tiempo a la cocina, que no todo puede hacerse en dos minutos. Todo esto lo sabemos, no obstante vivimos en una sociedad donde el producto ultraprocesado encuentra espacio en los hogares de todo el mundo y la llamada «dieta ultraprocesada», en la cual se impone la falta de elaboración sobre el valor nutricional del producto, es una realidad.

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Estamos ante un enfrentamiento entre una tipo de “dieta nutritiva” y una “dieta cómoda” (MisionesCuatro)

Y son muchos de estos productos los que encontramos publicitados cada día en diferentes medios, frente al escaso escaparate que tienen estos alimentos de los que tenemos una certeza firme de su necesidad para una buena salud y una dieta equilibrada y adecuada. “Bueno, son empresas y potencian su marca” podríamos decir, pero reconozcamos la impotencia de ver cómo se venden bajo falsos eslóganes.

Gominolas que se atribuyen la palabra “saludable”, galletas que se promocionan bajo un “desayuno completo”, por no olvidar ese “come bien, come en casa” que más de uno reconocerá. Son productos que no aportan beneficios nutricionales a nuestro organismo, pero aún así el consumidor cae en la trampa. Para más leña al fuego, llegan después las últimas campañas del Ministerio que tanto revuelo han armado.

Porque tampoco vamos a salvarlos de la quema. Hace muy poco pude ver, gracias a nuestras redes sociales, un trabajo maravilloso. Un trabajo que hacía crítica a una medida del Gobierno que también hemos revisado antes aquí: «¿Qué supone reducir un 10% grasas saturadas, sal y azúcar?» Si es de tu interés, puedes entrar a ver cómo la desglosábamos. Spoiler: no supone absolutamente nada para nuestra salud, así de sencillo.

Hablamos de una estrategia para reducir grasas saturadas, sal y azúcares. ¿Dónde? En productos ultraprocesados mayormente. Es decir, en alimentos que no aportan nada desde un punto de vista nutricional. La reducción, además de ser mínima, se aplica en productos que deberíamos desterrar de la dieta. La medida también está impulsada por (creo recordar) más de 300 empresas, que no iban a tirar piedras sobre su tejado precisamente.

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La OCU calificó las reducciones del 10% del Gobierno como “oportunidad perdida” (OCU)

No ha sido la única medida que ha levantado polémica: recordemos la entrada en vigor del famoso etiquetado de nutriscore, también conocido como el semáforo de colores. El revuelo causado por esta medida fue tal que AECOSAN tuvo que intervenir para explicar cómo debe hacerse la lectura de dicha información, además de señalar que no se aplicaría a productos como el aceite de oliva virgen extra. Y es que, guiándonos por la regulación francesa, nuestro aceite tendría una puntuación ‘D’ (mala) frente a la ‘verdosa B’ de Coca-Cola.

Sí, es evidente que hay un problema aquí. Un problema entre la certeza de los alimentos imprescindibles en una dieta saludable y la repercusión mediática que mantiene en alza a los productos que, sabemos, son insanos en la dieta. Pero obviamente todo este debate ,que remite hacia la mortalidad y la salud de nuestro cuerpo, no se puede resumir en unas líneas tan simples. Está claro que el bienestar es un concepto multidisciplinar.

Promocionar alimentos con un más que bondadoso aporte nutricional debe ser una clave, y mantener una dieta equilibrada y variada aún más. Pero son otros los factores a considerar: resaltar al ciudadano la importancia de no caer en hábitos insalubles, como el tabaquismo, además de realizar ejercicio físico con cierta regularidad. Son dos ejemplos, que también reconocemos, necesarios para dicho fin. Podríamos dedicar líneas y líneas, pero en este caso nos centramos en el factor que supone la dieta.

La clave está en encontrar un equilibrio. Y es que a veces se nos incita a acoger ciertos hábitos alimenticios que tampoco son tan saludables. Por ejemplo, los compañeros de Vitónica nos hablaban de la dieta a base de fruta a la que se sometió el futbolista del Celta, Pione Sisto. El también internacional con Dinamarca documentó en redes sociales una dieta de 21 días en las que solo consumió frutas variadas.

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La dieta del francés se ha promocionado como “milagrosa” y destaca la hidratación alcalina (El Confidencial)

¿Principal problema? La falta de proteínas, que nos puede guiar hacia «fallos renales, pérdida excesiva de peso, sarcopenia o pérdida muscular». Se eliminan también las grasas, macronutrientes que tienen un importante papel en la regulación de la temperatura corporal o la secreción de hormonas. Por no olvidar que ciertas vitaminas y minerales que están presentes en otros grupos de alimentos y estamos retirando.

También se promocionó con fuerza, e incluso se relacionó con su racha goleadora, la dieta que siguió el delantero del Real Madrid, Karin Benzema. En Cadena Ser cuestionaron a Beatriz Robles, tecnóloga de alimentos, sobre ello: «no hay que sustituir el aceite de oliva virgen extra porque es el mejor aceite, no hacen falta alimentos exóticos alternativos». El francés también introdujo algas y agua alcalina ionizada, aunque Robles nos recuerda que «se ha demostrado que no tiene evidencia científica porque el PH de los alimentos no cambia el PH de nuestro cuerpo, sino ya habríamos muerto».

En resumidas cuentas, no debemos dejarnos guiar por las decisiones de “otros” o los bulos que nos cuela Internet. Tener no sentido común, más bien un pensamiento crítico. Sabemos qué grupos de alimentos nos aportan claros beneficios en la dieta, y podemos documentarnos con información veraz y de calidad sobre otros muchos de los que tenemos dudas. En nuestra mano está encontrar la alimentación más acertada a nuestras necesidades.

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