La biología del mosquito se une a nuestra química para… ¿hacerlo imparable?

El verano ha llegado y, desgraciadamente, con él vuelve una de las luchas más desquiciantes entre hombre y naturaleza. Como podrás imaginarte, hablamos de la irrupción de los mosquitos hogares y comercios. Esos diminutos insectos proliferan sin previo aviso y son máquinas que parecen diseñadas para ubicarnos y picarnos sin consideración.

¿Qué son? ¿Cómo son capaces de detectarnos? ¿En qué factores se basan? ¿Qué recursos tenemos, y funcionan, para enfrentarnos a ellos? En este artículo hablaremos de las señales químicas que son imprescindibles para la proliferación de estos mosquitos.

Lo primero será introducir a estos insectos. Como no soy experto en el campo, nos dejamos asesorar por artículos de fantástica calidad. ¿Qué son los mosquitos? «Existen tres grandes familias a las que llamamos mosquitos sin distinciones. Estas son los culícidos, que son los mosquitos propiamente dichos; los quironómidos y los tipúlidos» explican desde Hipertextual. «Los que pican solo son los culícidos, mosquitos como Aedes, Culex o Anopheles».

En un artículo del pasado año, de El Español, hacían referencia a su capacidad como cazadores. «Pese a su diminuto tamaño, es desde hace tiempo el animal más mortífero del planeta. Según la OMS, este pequeño insecto provocó en 2016 más de 216 millones de casos de malaria» No es de extrañar, pues actúan como hospedadores de parásitos y virus.

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El mosquito está capacitado para detectar tanto la temperatura como diferentes marcadores químicos

De lo que también somos conscientes de su excepcional capacidad como “cazadores”. Pero… ¿En qué se basan para desarrollar tal voracidad? Tanto su biología como otros factores externos son determinantes. Las diferentes sustancias químicas que utilizan como detectores sumadas al sudor, el grupo sanguíneo y su impresionante visión compuesta los hacen unos organismos diseñados para encontrarnos a pesar de la distancia o la oscuridad.

Lo primero que los atrae es el dióxido de carbono que liberamos al respirar, y que les informa de la presencia de un ser vivo en los alrededores. Es algo que no podemos evitar, por razones obvias. «Una vez que están más cerca, el vapor de agua (también residuo de nuestra respiración) les confirma que están ante un ser vivo y no ante un objeto caliente cualquiera» explica Santiago Campillo (biólogo y divulgador científico) en Hipertextual.

«Sus ojos compuestos les permiten ver en infrarrojo y detectar el calor que emites. También pueden ver en el espectro visible, que es el que usamos nosotros». El tercer factor es el olor corporal, y las bacterias de la piel tienen peso de culpa. «El tipo y la cantidad de bacterias que una persona tiene en la piel desempeñan un importante papel en la atracción de los mosquitos» indica Ignacio López-Goñi (microbiólogo y divulgador) en su blog microBIO.

«Las bacterias de la piel juegan un papel muy importante en la producción del olor corporal porque convierten compuestos no volátiles en volátiles y olorosos» continúa el microbiólogo. Todas estas señales químicas confirman la disponibilidad de una presa, y el mosquito procede a nutrirse a costa de nuestra sangre y dejando de recuerdo una molesta picadura. ¿Y el grupo sanguíneo? «Un mosquito picará antes a una persona de los grupos O y B negativos» señalaban expertos en colaboración con La Vanguardia.

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El dióxido de carbono nos ubica, el sudor y la temperatura les ayuda a aterrizar debidamente

Recordemos que serán solo las hembras en fase reproductiva las que proceden a picar, debido a que necesitan ese aporte nutricional extra (proteínas y otras sustancias químicas) que encuentran en la sangre. Y es en épocas de calor cuando encuentran su máximo apogeo. Por cierto, también requieren de agua estancada para reproducirse, como que puede formarse al regar plantas y macetas.

Estos mismos conocimientos podemos aplicarlos en la industria, ¿no? A fin de cuentas, la cadena de producción conlleva generar una serie de residuos, subproductos y gases que pueden atraer a estos indesiables seres. Si sumamos una limpieza inadecuada de las instalaciones, con la presencia de charcos, se están facilitando una serie de condiciones óptimas para la proliferación de mosquitos en los alrededores.

Entonces… ¿Cómo evitamos las picaduras? Lo único que podemos hacer es esconder los olores, dado que la respiración y temperatura no podemos alterarlos. Los mejores repelentes son «aquellos que camuflan nuestro olor, de manera que un mosquito no puede “vernos”» refleja Santiago, esta vez desde Vitónica. Podemos recurrir a aceites esenciales o repelentes sintéticos: «mientras que los primeros no duran más de dos horas, los segundos pueden ser efectivos durante seis». Incluso existen repelentes combinados en el mercado.

Hay más controles, como «el uso de repelentes y camufladores del olor a nivel ambiental» aconseja el biólogo y divulgador. Eso sí, olvídate de los repelentes de ultrasonidos. «Hay muchos en el mercado y no funcionan en absoluto» denuncia Carles Aranda, codirector del Servicio de Control de Mosquitos del Baix Llobregat, para La Vanguardia. «Los insectos no escuchan el sonido que desprende el aparato, o si lo escuchan, se habitúan a él»

Otras fuentes en el artículo han sido: Vitónica, Xataka Ciencia.

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