Sin azúcares, ¿es turno para edulcorantes? Repasamos algunas de las polémicas

Si nos sentamos a hablar sobre edulcorantes nos encontramos ante un tema largo y tedioso. La realidad es que existen muchos. Son aditivos alimentarios destinados a endulzar diferentes productos y tienen gran reclamo actualmente como sustitutivos del azúcar. Chicles, refrescos sin azúcar, postres, salsas y otro sin fin de productos los utilizan.

Con coger una lata de Coca-Cola podemos hacernos una idea, ¿no? En este artículo queremos resolver la polémica que rodea a algunos de ellos: ¿existe una relación veraz entre aspartamo y cáncer? ¿Stevia es un edulcorante natural o solo cosa de marketing? ¿Cómo es posible que el ciclamato no esté autorizado en EEUU y sí en países de Europa?

Catalogado como E951, el aspartamo es de los más reconocibles. Por química estamos ante una sustancia peptídica. Lo forman dos aminoácidos, el ácido aspártico y la fenilalanina, que se rompen en el intestino delgado. ¿Has notado que la frase “contiene una fuente de fenilalanina” aparece en productos con dicho edulcorante? La fenilalanina, en dosis elevadas, tiene un potencial efecto tóxico en la sangre: especialmente en personas con fenilcetonuria.

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Estructura química del aspartamo, edulcorante peptídico, y sus subproductos de degradación

Según la evidencia científica es este el único contratiempo del aspartamo. El resto de acusaciones son a causa de polémicos estudios de baja calidad, como el de la Fundación Ramazzini, que utilizó ratones propensos a padecer cáncer con la edad de forma natural. «Estos estudios demostraron una evidencia inconsistente al estar basados en modelos animales, además de poseer graves fallos en el diseño y desarrollo de los experimentos» explicaba Mario Sánchez, tecnólogo de alimentos, en HelpingCancer.

En 2013, la EFSA publicó su primera revisión completa del edulcorante, indicando que «el aspartamo y sus productos de descomposición son seguros para la población en general». Santiago Capillo también lo tiene claro: «el aspartamo es uno de los compuestos más y mejor revisados de toda la historia de la nutrición. Ha sido medido y comprobado en largas poblaciones», sentencia el biólogo y divulgador científico para Hipertextual.

Uno de los más recurrentes en los supermercados es stevia, registrado también bajo el nombre de E960. Aunque en este caso es menos usual leerlo, ¿no? Y esto se debe al ‘marketing natural’ que arrastra. Este edulcorante lo hemos desgranado antes, en «El auge de un edulcorante con cientos de años», y nos preguntábamos si es correcta su venta bajo esta publicidad. La conclusión a la que llegábamos aquel día era clara: no lo es.

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La versión Nocilla 0%: «una receta con Stevia, un edulcorante de origen natural», puede leerse (Nocilla)

Ingerimos glucósidos de esteviol, extraídos y purificados por procesos químicos de las hojas de Stevia rebaudiana. La venta de sus hojas, como alimento, no se autorizó en nuestro país hasta el 2017. «Lo de asociarla a la palabra natural es un intento de darle un valor añadido» valoraba Beatriz Robles, tecnóloga de alimentos y nutricionista, para El Mundo. «No hay ningún problema con la stevia que podemos encontrar en el supermercado. Es segura y puede consumirse, pero no es natural ni es más saludable que otros edulcorantes».

Cerramos el artículo con el ciclamato de sodio, otro entre los más controvertidos. Etiquetado como E952, no se comercializa en todos los países. El motivo, como cabe esperar, son diversos estudios que lo acusaban de causar cáncer. «Debido a que resultados en ratas indicaron que el ciclamato podría aumentar el riesgo de cáncer de vejiga en seres humanos, la FDA prohibió el uso de ciclamato en 1969» explican desde el Instituto Nacional del Cáncer.

Tras reevaluarlo, «los científicos concluyeron que el ciclamato no era un carcinógeno o un cocarcinógeno», pero la FDA no lo ha vuelto a aprobar aún en los EEUU. Distinto fue en Reino Unido, donde se «levantó su veto tras la revaluación que la Unión Europea hizo de este en 1996» explica Juan Revenga, dietista-nutricionista, para El Comidista. «Su absorción es bastante limitada, y lo poco que se absorbe se elimina inalterado con la orina» añade.


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