Apps en alimentación: ¿simplificar la decisión al gesto de escanear?

La demanda de un mayor conocimiento respecto a los productos que podemos adquirir en un supermercado nos ha llevado no solo a recurrir a los consejos de profesionales o la información divulgada a través de la red. También han aparecido las «apps de alimentación», que podemos descargar en nuestros teléfonos móviles para realizar la compra.

En este artículo no queremos centrarnos en el algoritmo de estas herramientas. Queremos ir más allá, entrar en toda la dificultad detrás de este mundo. ¿Qué es la nutrición? ¿Podemos resumir nuestras decisiones en la presencia o no de un ingrediente? ¿La aparición de estas aplicaciones suponen un beneficio o terminan siendo una simplificación?

La nutrición es una disciplina bastante novedosa que busca acercarnos una relación entre los alimentos que ingerimos y cómo estos influyen sobre nuestra calidad de vida. Sus aportaciones están derivando en una creciente preocupación que afecta notablemente a la lista de la compra y, en consecuencia, a los consumidores. ¿Entendemos la dificultad tras la nutrición?

Los alimentos son matrices realmente complejas tanto por su composición química como por los ingredientes que los constituyen. La nutrición, por lo tanto, también se vuelve un difícil campo de estudio al valorar todas esas posibles repercusiones. En el siguiente hilo en Twitter encontraréis una reflexión de Santiago Campillo, biólogo y divulgador científico, que comenzaba: «mientras un programa en La Sexta habla sobre el polémico aceite de palma…».

Os animo a leerlo, serán solo dos minutos. En este contexto dubitativo hacia los alimentos han florecido una serie de apps para móviles que catalogan los productos del mercado escaneando su código de barras. Su misión es ayudar a aclarar lo que tenemos en frente, clasificando con términos como ‘bueno’, ‘aceptable’ o ‘malo’ a partir de unos criterios preestablecidos.

Las más demandadas las encontrarás en este artículo de El Comidista, donde explican por qué se guía cada algoritmo. Pero, ¿es suficiente? Estas herramientas, aunque aporten valor en la toma de decisiones, no deberían simplificar el proceso. Porque la nutrición y alimentación, como decíamos, no es tan simple. Por ejemplo, encontraremos productos que estas apps no clasifican por igual, lo cual nos indica diferencia de criterio.

Para sacarles el mejor rendimiento posible debemos familiarizarnos con ellas. Es importante que el consumidor se involucre en las decisiones, y no deje que sean terceros quienes lo hagan. Detrás de cada app hay un conjunto de profesionales, un equipo que puede ser multidisciplinar en la materia o no. Y, aunque se apoyen en recomendaciones de organismos como la EFSA o la FDA, también quedará una parte del criterio personal.

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En un campo tan difícil como la alimentación no deberíamos simplificar todo a una simple botón

Así, encontraremos apps que den un mayor peso a algunos sistemas de puntuación que otros. O las que señalen a los aditivos, clasificándolos entre ‘seguros’ y ‘controvertidos’. Estas consideraciones pueden, incluso, acentuar la quimiofobia en el sector. «Etiquetar una sustancia como buena o mala, como poco, es simplista hasta el ridículo» incidía Campillo.

Porque la alimentación es compleja. Debemos evaluar algo más que los ingredientes, existen más factores. Por ejemplo, una mermelada está catalogada como «ultraprocesado» por su contenido en azúcares. Pero, ¿y si su consumo se reduce a dos desayunos? Cuatro cucharadas cada 30 días. Con un consumo ocasional y/o responsable, ¿podría añadirse a la cesta?

Comemos todos los días, así que esforzarnos en comprender más sobre ello es valioso. Resumir todo en un argumento simplista, como un ingrediente, o dejar que una aplicación decida si algo es bueno o malo, ¿qué es? Mientras estás apps viven su momento de auge, lo mejor que podemos hacer es esforzarnos en aprender y contrastar. Facilitar la información es un trabajo de equipo.


Este artículo es la primera parte de una saga sobre nutrición, etiquetado y alimentación.

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