Dos temores infundados en alimentación que traspasan la noche de Halloween

Todos reconocemos Halloween, o por lo menos la variante actual basada en disfraces, caramelos y el “truco o trato”. Una festividad que tenía la finalidad de ahuyentar los malos espíritus, aunque ha evolucionado a las risas y llamadas al timbre que muchos escucharemos esta noche. Aunque, reflexionando, os propongo un artículo muy diferente aprovechando la ocasión.

En la alimentación también han aparecido dos importantes terrores que, a pesar de no ir disfrazados de momias o vampiros, dan un miedo mayor que la mezcla de ambos géneros. Tal vez podemos aprovechar Halloween para ahuyentar estos temores. ¿Son los aditivos los terribles monstruos contra la salud? ¿Son los microorganismos patógenos una plaga incontrolable?

Los aditivos alimentarios han ido aumentando su mala fama con el paso de los años, a pesar de que deban emplearse como último recurso y cuando solo con ellos se cumpla la finalidad buscada. Dicho temor se ha visto incrementado por algunos sectores de la propia industria, que lanzan al consumidor mensajes del tipo “natural” o “sin E artificiales”, generando confusión.

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El ácido cítrico es un compuesto propio de frutas cítricas, utilizado en la industria como antioxidante

Sin embargo, lo único terrorífico de toda esta historia es la famosa «Lista de Villejuif»: un catastrofista listado que contaba los negativos efectos sobre la salud de estas sustancias. Procedía del Hospital de Villejuif y estaba coronada por el E330, «del que se decía que era el más peligroso y cancerígeno de todos los aditivos» leemos en Directo al Paladar. Pero, ¿qué significa ese código? Resulta ser el ácido cítrico, característico de frutos cítricos como el limón.

Tengamos en cuenta que los aditivos pasan estrictos controles por parte de autoridades competentes y de prestigio, como es la EFSA. «Si los resultados son favorables, pasa a formar parte de lo que se conoce como “lista positiva de aditivos”» explicaba Miguel Angel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, para Eroski Consumer. Además, se mantienen en revisión permanente debido a las nuevas evidencias científicas que puedan surgir.

Los microorganismos patógenos, asociados con la posibilidad de contraer algún tipo de enfermedad, son otro riesgo tanto para la propia industria como para el consumidor. La industria alimentaria tiene el deber de no comercializar ningún alimento en el cual no se garantice su inocuidad y seguridad. Hablamos de un compromiso con el consumidor. Por ello se llevan a cabo controles en cada una de las etapas, para asegurar que los puntos críticos están vigilados.

Pero toda esta labor pierde su peso sí el consumidor no cumple con su parte del camino. ¿El consumidor? Sí, el consumidor. De nada servirá lo anterior si dejamos el alimento expuesto al universo de patógenos que habitan nuestras cocinas. Toda esa responsabilidad la desglosamos en ««En casa, también somos responsables»: una guía muy básica sobre microbios y alimentos».

¿Qué podemos hacer? Habremos escuchado eso de no romper la cadena de frío, seguir los consejos de conservación o respetar la vida útil. No obstante, aunque estos seres invisibles son un terror para muchos, a veces nos encontramos con informaciones desde medios de prensa u otros portales que rompen la barrera de la lógica. Como la reciente publicación de La Voz de Galicia que impulsaba el consumo de leche cruda.

Este hilo de Deborah García, química y divulgadora científica, ofrece información al respecto. Publicitar este producto bajo hipotéticos beneficios frente al asma u otras alergias es una irresponsabilidad. La industria láctea no produce un “aguachirri” (sí, lo he leído) a partir de la leche: nos ofrece un alimento seguro frente a patógenos como la listeria. De ello hemos hablado antes en «Coronel Landa, dígame, ¿cómo se altera esa leche ordeñada antes de su consumo?».

Recordad que tanto los procesos como las sustancias e ingredientes empleados en alimentación están siempre bajo supervisión y revisión científica. Existe importantes controles para garantizar seguridad e inocuidad. Las dosis en aditivos están seriamente controladas. Dejemos los disfraces de terror para noches como Halloween, y desterremos estos temores infundados.


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