Hablemos del aceite de oliva: Capítulo 17 – El etiquetado, ¿un aliado en la toma de decisiones?

En febrero compartíamos el anterior capítulo, «¿La trazabilidad en los aceites de oliva vírgenes?». Hablamos de este aspecto vital para garantizar la calidad del producto. Supone documentar todo el proceso, e incluso se expuso la posibilidad de implicar el blockchain en ello: informar sobre las partidas de aceitunas y su estado, las instalaciones de transformación o el envasado.

Este ciclo continúa, abordando en esta ocasión el etiquetado de los diferentes aceites de oliva. Una herramienta fundamental que debería ayudar al consumidor en la toma de decisiones, a elegir los alimentos que considere más convenientes. ¿Reglamentos que debemos comprobar? ¿Toda la información es obligatoria? ¿Hay aspectos que crean dudas?

Sin embargo, el etiquetado en los aceites de oliva es bastante delicado y continúa cambiando. Son numerosas las menciones a las que se puede hacer alusión en la etiqueta, algunas de forma obligatoria y otras con carácter voluntario. Y no podemos olvidar el papel actual que juega el equipo de marketing en todo ello, con la misión de lograr diferenciar al producto de la competencia. En ciertas ocasiones, rozando la línea de lo legal.

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Son numerosas las indicaciones que coinciden con otros productos, pero también las propias del sector

Lo principal, como ocurre con cualquier otro alimento, es que estudiemos detenidamente la legislación vigente que aplica sobre el producto. Comenzaríamos, por ejemplo, con el Reglamento (UE) nº 1169/2011 sobre la información facilitada al consumidor. Este texto nos hará referencia no solo a la lista de menciones obligatorias que debemos abordar, también indica cómo presentar estos datos informativos al consumidor. Incluido el tamaño de letra.

Denominación del alimento, peso neto, tabla nutricional, condiciones específicas de conservación o fecha de duración mínima del producto. Estas menciones no deben faltar en la etiqueta de un aceite de oliva, es una exigencia mínima. No os desarmo más el Reglamento, pero hay que tener cuidado al aplicarlo. Además, controlar la legislación específica sobre el sector oleícola es algo obvio. Como es el Reglamento de ejecución (UE) Nº 29/2012.

¿Qué nos cuenta este nuevo amigo? Trata las normas de comercialización del aceite de oliva. Nos habla del comercio al por menor: por lo tanto, debemos conocer las cuatro categorías que su ubican en este marco. Los aceites de oliva que encontramos en el supermercado, básicamente. Pero también nos pide añadir una información adicional sobre la categoría: nos la entregan redactada y no da lugar a la interpretación.

Tenemos una para frase tipo para cada categoría. En definitiva, hacer lo que se dice un ‘copia y pega’ del reglamento a la etiqueta. Sobre ello hablamos en «Aceites de oliva no tan vírgenes, ¿su comercio podría perjudicar al consumidor o al sector?», y es que estas indicaciones deben ayudar a reducir las dudas. Cuestiones diferentes son las menciones facultativas: cualidades organolépticas, grado de acidez o «extracción en frío» son indicaciones que deben cumplir unos requisitos, y no aparecen en cualquier aceite.

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La variedad de aceitunas empleadas o el año de cosecha son cuestiones que se siguen discutiendo

Aunque aún se siembras dudas en el consumidor. Hace tiempo que se nos habla de remodelar la legislación del sector. Una nueva norma de calidad propia en la que trabaja el Gobierno, que buscaría poner en valor al sector y evitar prácticas fraudulentas. Aunque, como nos cuenta desde Agrónoma, está provocando ciertos desacuerdos. Como con el hecho de que se contemple el uso de las palabras «intenso» y «suave».

Un aceite de oliva podría usar «suave» si su contenido en aceite virgen no supera el 25%, algo que rechazan Cooperativas porque no hay método que pueda garantizar el porcentaje de las mezclas, impidiendo controlar el cumplimiento del Decreto. Y es que trabajamos con un producto con alto riesgo de incumplimiento y fraude. Por ejemplo, leíamos en El Economista que «Deoleo impulsa una norma contra el fraude del aceite en EEUU».

Conocer la categoría del producto es básico. Evaluar el producto y documentar los resultados. Aspectos de los que hemos hablando antes: parámetros analíticos y paneles de cata. A veces se etiqueta el producto con una categoría superior a la real. En otros casos, se asigna una vida útil para la categoría que se demuestra fraudulenta: la categoría decae con el tiempo aún dentro de la vida útil, y lo que se adquirió como «extra» deja de serlo antes de lo indicado.


Puedes leer otros contenidos relacionados como «Huevos: «De la granja a la mesa, pero que sea sin salmonella»», «El vino, ¿alimento o bebida alcohólica? Revisamos la legislación que lo define».

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