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Consumo preferente, fecha de caducidad y caducidad secundaria, ¿sabes distinguirlas?

Se acerca la hora de cenar y no tienes nada pensado, así que abres la nevera con desgana. Entre el amasijo de las últimas compras encuentras algo interesante, vaya que sí. Con suerte, una voz en tu cabeza dice «oye, ¿esto de cuándo es? ¿Seguirá ‘bueno’?», así que le das la vuelta. Te invade la duda, y le preguntas a las paredes: «Caducó hace tres días, no pasa nada… ¿no?».

¿Te suena la historia? Algunas veces la respuesta es tirar con tristeza el descubrimiento, en otros casos nos jugamos la noche al alimento pasado. Y casi siempre se duda, ¿cierto? En este artículo vamos a hablar de la vida útil, ¿qué nos dice la fecha de caducidad? ¿En qué se diferencia del consumir preferentemente? ¿Existe eso que llaman ‘caducidad secundaria’?

Como siempre, la legislación nos marca el camino

Antes de nada, deberíamos hablar del concepto de vida útil, porque sin partir de esta base nada de lo que te cuente va a tener demasiado sentido. Dicha expresión, aplicada a los alimentos que consumimos, nos define «el tiempo que transcurre desde la elaboración de un alimento hasta su deterioro». ¿Qué tienes que entender por «deterioro»? Pues el momento en el que el alimento no es seguro, o en el cual sus características organolépticas y físico-químicas han cambiado.

Vamos, en resumen, la propia vida del alimento hasta que deja de ser buena idea llevártelo a la boca. Como ya te habrás imaginado, hay una legislación detrás que sostiene todo ello. Como diría mi madre, «con la comida no se juega». La primera referencia, el artículo 14 del Reglamento (CE) 178/2002 sobre los requisitos de seguridad alimentaria. Nos dice cuándo un alimento deja de ser seguro o apto para el consumo humano, y cómo determinar esto.

Caducidad fecha consumo preferente huevos

Dichas pautas se arrastran en el Reglamento (UE) 1169/2011 sobre la información facilitada al consumidor. Vamos, sobre el etiquetado, que siempre te aconsejo que hagas el favor de leer. Una de las menciones obligatorias en los productos es indicar la «fecha de duración mínima», que no es más que la referencia a un día, mes o año. Esto dependerá del tipo de alimento, y estará justificado con datos y estudios realizados sobre la vida útil del mismo.

¿De caducidad a consumo preferente?

Podrías pensar que estos dos términos significan lo mismo, y es que debe ser cosa de la marca a la que compras: «pues será que a estos les gusta escribirlo así». Nada más lejos de la realidad. Son dos categorías diferentes, según el Reglamento 1169/2011 que te citaba. La fecha de caducidad se indica en «alimentos microbiológicamente muy perecederos». Esta maravillosa frase empuja a mi abuela a llamar a un exorcista cuando se la digo. Tampoco puedo culparla.

«Microbiológicamente perecedero» significa que estamos ante un alimento en el cual es favorable que se desarrollen patógenos (bacterias, hongos…) en cortos espacios de tiempo. Es decir, que si lo ingieras pasada la fecha de la etiqueta corres el riesgo de sufrir una intoxicación alimentaria. Una cosa bastante seria, ¿verdad? En el caso de «consumir preferentemente antes de…» estamos hablando de cuestiones que afectan al sabor, olor o textura.

Básicamente, que la empresa no se compromete a que pasada la fecha el alimento guarde las mismas características con las que se adquirió. Tanto en lo organoléptico como en lo nutricional. ¿Alimentos con fecha de caducidad? Productos frescos, refrigerados o platos preparados. La tecnología alimentaria ofrece muchos con «consumo preferente», gracias al proceso de elaboración y envasado. No es igual comprar sardinas frescas que su homólogo en conserva.

Caducidad fecha consumo preferente lata

Bueno, ¿y existe la caducidad secundaria?

Claro que existe, y la conoces perfectamente, no te preocupes. Vamos allá con algunos ejemplos, que te van a sonar. Como esa lata de paté que abriste hace dos semanas, guardaste en la despensa y ahora es la habitación de tus compañeros de piso (el moho, sí). O la otra de sardinas a medio comer, que has encontrado sólo porque ella se ha dejado (los olores, sí). ¿Qué había cambiado en estos ejemplos? Exactamente, la forma de conservar el alimento.

Como decíamos, la forma de elaborar y envasar los alimentos nos ha permitido alargar su vida útil. Incluir ingredientes (como el azúcar en las mermeladas), líquidos de gobierno o utilizar atmósferas modificadas. Hablamos de caducidad secundaria cuando las condiciones originales del producto cambian al abrir su envase, de manera que la fecha de consumo ya no es válida. ¡Tranquilidad! Esto lo sabe el fabricante, y también te indicará qué puedes hacer.

«Una vez abierto, conservar en frigorífico y consumir antes de cinco días» podrás leer en un brick de tomate frito. O en un caldo de pollo leerás que, tras abrirlo, «frigorífico un máximo de 4 días, y en el congelador (-18 ºC) un mes». Aplica también al congelar los alimentos, dado que ampliamos la vida útil al reducir el desarrollo de especies patógenas en ellos. Dichas indicaciones quedan recogidas en la legislación, dentro de las condiciones de conservación y utilización.


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